Aronofsky, requiem por una mente que brilla

Anoche me preguntaba: Dios, ¿qué escribo? Y de pronto recordé que existe una persona que jamás he mencionado y que resulta ser aquel ser que me inspira profesionalmente porque todavía no nace una película dirigida por él que no me guste en lo absoluto. Y me refiero al cineasta estadounidense Darren Aronofsky.

Nacido el 12 de Febrero de 1969 en Brooklyn, Nueva York, Darren Aronofsky es de esos jovenes intelectuales del cine que hacen películas que te permiten analizar diferentes cuestiones tanto filosóficas como psicológicas y/o referentes a la vida.

Nunca fue un estudiante cualquiera, pues durante su estadía en Harvard (sí, la laureada universidad) estudió Antropología, hecho que explica su más reciente filme: La Fuente de la Vida (The Fountain, 2006), que en un fascinante viaje en 3 tiempos nos muestra su amplio conocimiento sobre las culturas ancentrales con el árbol de la vida, un poco de historia Española, conocimiento del Popol-Vuh y razonamiento filosófico sobre la creación, la destrucción, la vida y la muerte. No conforme con esto, estudia también cine de acción y animación. Sin duda una de las personas más preparadas de la industria con una genialidad impresionante.

Su primer cortometraje fue un trabajo escolar titulado Supermarket Sweep en 1991. Fue premiado en varios concursos, pero no realizó su primera opera prima sino hasta 1996 que comenzó a trabajar en Pi, el Orden del Caos (Pi, 1998), una de las películas más dificiles de comprender para un servidor, la cual narra cómo un matemático busca el número que rija el orden del universo. Personalmente, no logro entenderla aún, pero es una película de completo culto.

Dos años más tarde regresa con, creo yo, su obra más conocida: Requiem por un Sueño (Requiem for a dream, 2000) donde hace un brutal uso de un recurso cinematográfico llamado hip-hop montage, una secuencia de imágenes que dan a entender un propósito particular en la cual la secuencia inyección-venas-dilatación de pupilas nos indican acto y efecto de drogarse. Significa, a fin de cuentas, un momento cúspide en su carrera como director de cine.

Muy pronto nos traerá nuevos proyectos que espero que sigan siendo una fuente de inspiración y ya no sólo para mí, sino para quienes queremos dedicarnos a la industria del cine. Para sentir con la cámara, ser parte de la cámara y no terminar haciendo simples películas inútiles para hacer reír a la gente y ser galardonados por las academias de Hollywood.

Finalmente, les dejo con el traile de lo que fue y sigue siendo una de sus más brillantes obras, Requiem por un sueño, no sin antes invitarles a que vean lo que Aronofsky ofrece, pues es cine que trasciende.


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