Historias abordo de un taxi.


Creo que jamás me había percatado de el montón de cosas que suceden a la vista de todos (incluyendo las autoridades) y que simplemente no se hace absolutamente nada.

En mi viaje a casa de la Universidad el día de hoy sucedió algo que seguramente sucede todos los días. Resulta que tomé un taxi y se fue por el Bulevar Adolfo Ruiz Cortines hasta el semáforo de Av. Universidad, justo en frente del Wal*Mart, cuando vi lo de siempre: un par de niños limpiando parabrisas. Todo eso me pareció de lo más normal hasta que el semáforo se puso en verde y se movieron debajo del puente y cuál sería mi desagradable sorpresa al ver a un ciudadano aparentemente común y corriente (más corriente que común) pidiéndoles a los niños la limosna que se acababan de 'ganar'.

Y me dije a mí mismo: Mí mismo, no puede ser. Y peor aún fue ver que a escasos 5 pasos se encontraba un agente de transito que si bien su tarea no es más que infraccionar delitos viales, creo que goza de la autoridad suficiente para no permitir que ocurra en su grande y fea nariz. Total indignación de la cual no pude hacer absolutamente nada.

Sin embargo no todo es culpa del trancho, sino del conductor del móvil que le proporcionó dinero a los niños. Sí creo que para cortar de raíz con este negocio de la explotación infantil tenemos que poner mucho de nuestra parte, por mucho que nos duela ver la cara de los niños cuando te piden dinero. Es horrible, pero sólo así acabaremos con la mina de oro de sus explotadores.

Más tarde tuve que ir a imprimir unos carteles para la escuela y, nuevamente, tuve que tomar un taxi pues mi papá jamás que me confía el auto aunque vaya a tres pasos de mi casa.

Y no podía, de verdad, creer lo que oía. Después de mí subieron 3 personas, 1 mujer y 2 hombres y por lo general siempre hay silencio, pero dichos individuos venían hablando a diestra y siniestra de sus fechorías corruptas, sus corruptas fechorías.

Al parecer les da mucho orgullo revivir aquellos momentos de su preparatoria cuando en el CONALEP que está ubicado en Periférico, casi cerca de la Plaza Villahermosa, pagaban hasta mil pesos por que un maestro de apellido Carbajal, Caraballo, o similar (digo similar porque por más que me quiero acordar del apellido no lo logro) les pasara la materia y por ello sentían un gran orgullo.

Qué descaro venir hablando de eso. Es como si Roberto Madrazo se subiera al metro y empezara a hablar con Elba Esther de todas las tranzas hechas en el PRI. Creo que hay lugares: en su casa donde nadie los oiga o en el messenger donde sólo sus cómplices los lean con sus 100 mil errores de ortografía causados por maestros incompetentes que gobiernan las instituciones públicas de la entidad.

De regreso a mi casita la historia no fue tan diferente, y esta vez no se trató de personas, sino de maquinaria manejada por...personas. La historia la resumo a una pregunta: ¿Por qué un trailer de doble remolque no se detiene cuando ve que en el siguiente tramo no entra su monstruoso móvil y que el semáforo de la Avenida perpendicular se pondrá en ese preciso momento en luz verde y que, por tanto, obstruirá el paso de los demás vehículos?

¿Negligencia? ¿Aculturación? Quizá los efectos del calor. La respuesta no la sé yo. La respuesta la sabe cada quien dentro de su percepción de lo correcto. Y con ello sólo comprobé una vez más que tenemos el México que nos merecemos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigo... lamentablemente es parte de la realidad Latinoamericana...eso lo he visto en Venezuela y en Peru, y si lo cierto es que nustar indiferencia es lo mas triste. Yo creo q para cambiar eso, primero se requiere cambiar nuestra actitud, y bueno de ahi hatsa q sea visible va estar largo el tiempo, pero bueno ya por lo menos estaremos en el camino corrceto. Saludos.
P.s. Oie q honor inagurar aka tu blog.